Noticias desde la Oscuridad

06-07-2015
Cardiofagia está concluido.

13-07-2015

22-07-2015

28-07-2015

09-08-2015

03-09-2015

22-09-2015
Suerte está concluido.

28-09-2015

Lamento del día

Mientras que yo soy un ciego que ha aceptado su propia invidencia, tú eres uno que aún cree que simplemente tiene una venda tapándole los ojos.

lunes, 3 de febrero de 2014

Microdemencia: Parto

Ha costado mucho sudor… pero al fin, tras años de reivindicaciones, se ha obtenido la completa protección de los fetos. Ni por una razón ni por otra se podrá abortar, pues no hay motivo lo suficientemente fuerte como para que no se respete el derecho inalienable de un ser vivo. Ya se sufre suficiente con los desprendimientos embrionarios accidentales como para que se hagan masacres a voluntad.

Por supuesto que la calidad de vida de muchos niños ha empeorado, y bastantes han perecido durante los primeros días de vida, pero todas esas defunciones son gratamente compensadas por la infinidad de neonatos que disfrutan de una vida perfecta con su padre y su madre sin haber corrido el riesgo del asesinato prenatal.

Me repugnan esas personas que continúan estando a favor del aborto, ¡claro, como ellos ya nacieron y no han pasado por esa fatídica decisión, pues los demás que se busquen la vida! Es lamentable… y lo mejor de todo es que consideran avance el legalizar esta clase de asesinato.

Yo no tuve la suerte de quedarme embarazada hasta hoy mismo. Estoy rebosante de alegría, es el mejor regalo que toda mujer puede recibir: cumplir su ciclo como ser vivo. Si no has venido a este mundo para dejar descendencia, ¿entonces qué haces aquí?

Lo dicho, es magnífico poder presenciar de primera mano la creación de un pequeño ser. Mi maquinaria biológica se ha puesto en marcha y nada va a pararla, cumpliré mi misión como madre y protegeré a mi hijo ante cualquier adversidad. No me importa si nace sin algún órgano o extremidad, incluso aunque los médicos estimen que sólo vivirá minutos, para mí será un sueño hecho realidad el poder ver su rostro.

Acudo a los primeros exámenes rutinarios y me aseguran que la gestación sigue su curso con total normalidad. Eso es bueno, a excepción de un pequeño inciso que me dijo la obstetricia.

“Hay una muy pequeña probabilidad de mutación durante este primer mes, tenga cuidado con los fármacos y agentes físicos tales como un exceso de radiación solar.”

No entendí muy bien a qué se refería. Procuraré ser precavida, por supuesto, pero si por algún motivo al final mi niño sale con una… mutación… no será repudiado ni ejecutado como un preso condenado a muerte. Daría mi vida por verle sonreír.

Transcurrieron cuatro meses y la fortuna decidió que al final el embrión quedase afectado. Las ecografías no lo mostraban, pero ciertos análisis moleculares lo señalaban así. Al parecer era una enfermedad bastante grave de la que sólo se conocían tres casos más, sin contar el de mi hijo. Quise saber de qué se trataba, sin embargo, ante mi asombro, se negaron con la excusa de que era una patología joven aún en fechas de experimentación e investigación y que nadie fuera del ámbito sanitario podía profundizar en el asunto, ni siquiera los aquejados de ella.

En definitiva, permanecí en absoluto desconocimiento acerca de lo que sufría mi querido hijo. Y para colmo la única solución que me dieron fue viajar a un país donde el aborto fuera legal. ¡Esa impertinencia era inconcebible! ¿Me tomaban por una repugnante asesina? No, mi niño nacerá, aunque sólo sea para contemplar sus ojos y seguidamente llevarlo entre mis brazos al mortuorio, porque daría mi vida por verle sonreír, pese a que sus labios destellasen tan solo un segundo.

Siguieron insistiendo hasta el noveno mes, cuando la cuenta atrás para dar a luz había comenzado. Era indignante ver cómo me suplicaban casi poniéndose de rodillas y tratando de engañarme para que tomara sustancias que causasen un accidente abortivo. No obstante, no lo lograron. Resistí, fui fuerte.

Ahora estoy en el paritorio junto a la única matrona que se ha ofrecido a realizar la labor… Es doloroso el proceso, lo sé, pero ni por asomo se me pasará por la cabeza el arrepentimiento de tenerlo. Hasta que…

Hasta que el niño salió… Y no precisamente por la salida convencional. La matrona gritaba mientras observaba horrorizada mi abdomen estallar en mil pedazos. Aquella cabeza que asomaba, embadurnada en sangre, era de todo menos humana. Unos ojos amarillos brillantes y unos dientes afilados como sierras. Apenas podía gritar por el sobrecogedor dolor, el shock me había enmudecido… Sin embargo, aún no había empezado lo peor. Me iba a devorar, lo veía en su mirada y en su mueca sádica… Dios mío, ¿qué es lo que he traído al mundo?

“Daría mi vida por verle sonreír.”

Microdemencia: Reparar

Vivimos en mundo donde ningún patrón se repite más de una vez, ninguna persona se parece a otra, cada una con cualidades variopintas, pero la mayoría de ellas innecesarias.

En épocas pasadas esto podría resultar irrelevante, pero, si de verdad queremos avanzar con más celeridad en nuestro proceso de humanización, debemos adoptar una serie de pautas que homogenicen a la humanidad. La evolución está a favor de esta premisa: prevalecen los fuertes, mueren los débiles.

Desgraciadamente, a día de hoy, muchos débiles campan a sus anchas a sabiendas de que protecciones que no se merecen les salvaguardarán. No es justo, si has tenido la mala suerte de nacer con alguna tara, no tienes derecho a apropiarte de productos que otros humanos más cualificados para la progresión podrían disfrutar.

Por eso inicié hace poco una campaña para erradicar la debilidad del hombre. Este, pese a que se haya perfeccionado, no debería alejarse de la naturaleza. No es así como el hombre perfecto prevalecerá. Ya es suficiente con que otras sanguijuelas inferiores ralenticen la evolución de los más aptos.

No obstante, tengo puestas mis esperanzas en el inexorable destino, y, añadiendo la propaganda de mi organización para propiciar mejores calidades a los fuertes, no habrá nadie capaz de impedir que la evolución siga su curso.

Y si eso falla, recurriremos a la ciencia. Huelga decir que la inteligencia es un aspecto importante, debido a ello nosotros poseemos los cerebros más lúcidos del globo, los cuales, con orgullo, investigan en los más complicados campos de la genética para ayudar a todos. Sabemos que no se puede luchar en contra de la aleatoriedad, así que seguirán naciendo niños frágiles. Sin embargo, gracias a estos investigadores, los padres ya no se tendrán que preocupar, pues tendrán un niño sano, fuerte y apto para el nuevo mundo.

Por tanto, quiero hacer un llamamiento a los pocos opositores que quedan. Sé que suena duro, que no todos hemos tenido la suerte de proseguir el camino de la naturaleza, pero quiero que pienses en un futuro donde no haya enfermedades ni malformaciones, donde la tranquilidad sea lo único que resuene por las calles, donde los peligros queden extintos y la armonía reine alrededor de todo el planeta. En resumen, donde los humanos alcancemos una utopía real que se deshaga de los obstáculos mucho antes de que aparezcan. ¿No sería maravilloso? ¿No crees que tales sacrificios merecen la pena por un bien común? ¿Qué me dices, camarada, acaso no es bueno luchar por los tiempos venideros que vivirán nuestros hijos y nietos?

Bueno, tengo que dejarlo por hoy. Ha llegado un nuevo camión con judíos listos para la incineración.

domingo, 2 de febrero de 2014

Microdemencia: Metal

Desde hace varios años mi barrio sigue una lúgubre tradición. Empezó cuando un día, no muy entrada la noche, un hombre recorría de un extremo a otro toda la calle de la barriada mientras arrastraba un instrumento metálico que, obviamente, provocaba un estrepitoso ruido bastante desagradable, algo así como el chirrido que surge al frotar los dientes de un tenedor contra la superficie de un plato.

Evidentemente algunos vecinos se asomaron para imperarle que dejase de arrastrar lo que fuera que llevase. Sin embargo, en vez de cesar, todo aquel que entró en contacto visual con ese extraño recibió una alargada púa de acero que se clavó, sin dejar ningún tiempo de reacción por parte de la víctima, en el cráneo. Así fue con todos, nada más asomarse morían de ese devastador ataque.

Por fortuna, nadie de mi familia llegó a sufrir esto, pero con sólo escuchar los cuantiosos llantos de la calle supe que decenas acababan de morir. Nadie más optó por intentar pararle. Lo que se hizo a continuación fue llamar a la policía.

Pensábamos que el problema iba a ser solucionado en cuestión de minutos, aunque nos equivocábamos… Dos policías llegaron y nosotros estábamos contiguos a los balcones, para al menos poder escuchar con nitidez los próximos sucesos.

Fueron segundos, no me cabe ni la menor duda, lo que tardó el extraño en hacer callar para siempre a los dos agentes. El objeto metálico se deslizó por la acera con más fuerza y velocidad para seguidamente penetrar en alguna parte de sus cuerpos, matándolos tras una dolorosa agonía, o al menos es lo que pude suponer con lo que oí.

Aterrados, volvimos a llamar a la policía. Esta vez se acercó un furgón con unos cuantos hombres más, pero el número no era la clave para poner remedio a esto. Otra vez pasó lo mismo, excepto que ahora fueron cinco gritos más.

El resto de la noche podéis imaginarla. Siguieron sucediéndose las fuerzas de seguridad, hasta acudieron militares. No obstante, por más empeño que pusieran, aunque llegase un centenar de soldados de élite, todos y cada uno perecían. Así que, por nuestra parte, la del vecindario, tuvimos que aceptarlo e irnos a conciliar el sueño. Nos haría falta para el horripilante día que estaba por llegar.

En cambio, como si fuera un milagro, a la mañana siguiente, algunos vecinos que osaron asomarse a la calle nos informaron que ya no había nadie, ni siquiera el rastro de cadáveres. El resto del día fue calmado para nosotros y funesto para los que perdieron a alguien. Todos los canales hablaban de lo que había sucedido en mi barrio, cientos de entrevistas y conmemoraciones por los fallecidos. Y todos se preguntaban lo mismo: ¿dónde estaba ese asesino? ¿Dónde había escondido los cuerpos?

Bueno, creo que sería cuestión de tiempo que hallásemos la respuesta a la segunda pregunta, porque la primera ya fue resuelta esa noche. Exacto, mientras todos cenábamos nuestra sangre se congeló al volver a escuchar ese nefasto sonido metálico. Lo primero que pensamos fue que era una broma de mal gusto, pero nadie alarga una broma durante once horas y de forma diaria… Era él, se había asentado en nuestro barrio y no tenía planes de marcharse, al menos hasta que no nos matara a todos por culpa de alguna que otra imprudencia…

Actualmente el toque de queda sigue establecido, así como las reglas de no asomarse al balcón ni decir a nadie que pase por nuestro barrio cuando sea de noche y “ese” ruido persista. No sé si llegará un día en el que se marche o en el que se canse de esperar y vaya, bloque por bloque, piso por piso, masacrándonos a todos… Sólo puedo decir una cosa:

Ojalá nunca escuches su metal.

Microdemencia: Abajo


Cuando era mucho más pequeño tenía una profunda fobia: no era capaz de resistir los anocheceres. Recuerdo que todas las tardes corría hacia la ventana de mi habitación y observaba el Sol mientras lentamente se ocultaba tras las montañas. Le tendía la mano para que no se fuera, para que no me dejara otra noche sin su protección.

También me acuerdo de esas insoportables madrugadas. Normalmente dormía del tirón, pero había algunas ocasiones en las que me desvelaba a mitad de la noche y mis ojos me mostraban un entorno sobrecogedor. Las persianas acostumbraban a estar subidas, por lo que la luz de las farolas penetraba en mi habitación y creaba horribles sombras que se asemejaban a inimaginables aberraciones de las más retorcidas pesadillas jamás concebidas por un ser humano.

Pero lo peor eran esos susurros. Aunque me escondiera bajo mi sábana, había algo de lo que no era capaz de defenderme. No podía enfrentarme a ese escalofriante murmullo que surgía de debajo de mi cama. No eran palabras, sino gemidos de ultratumba y sollozos roncos que emulaban el crujido de árboles muertos. Incluso a veces tenía la sensación de que aquello que se ocultaba bajo mi colchón sacaba sus brazos y me tocaba con fragilidad como si tratara de amedrentar la poca valentía que preservaba en tal situación.

Pero todo eso es ya agua pasada, ya crecí lo suficiente y afronté mis miedos. Todo cobró sentido cuando usé la fría lógica. Esas criaturas que me observaban sólo eran sombras de las ramas de los árboles mecidas por el viento, y esas mismas corrientes eran, además, las causantes de los ruidos que escuchaba. Por perspectiva, estando acurrucado y temblando, parecía que provenían de debajo de mí cuando en realidad eran sonidos que se escapaban por la rendija de la ventana, síntoma de las deficientes reformas que hubo en mi casa. Respecto a esos tétricos brazos, seguramente serían mis propios movimientos que hacían que la sábana se tambalease y rozara mi pijama.

Cuento esto debido a que hoy, que no tenía muchas ganas de dormir, me llegaron a la mente las vivencias de mi niñez. Ahora estoy viendo mi habitación, completamente a oscuras, con las mismas proyecciones tenebrosas y las débiles sibilancias del viento, y no tengo miedo. Estoy orgulloso, de niño creía que estos miedos jamás se irían. Sin embargo, la realidad es otra diferente, la madurez te vuelve fuerte contra lo que no existe, no ha de temerse a aquello que no podría dañarte, ¿o acaso hay algo realmente en mi habitación que ponga en peligro mi integridad? A excepción de mi hucha, por supuesto, que cada vez que veo su interior, tan vacío, mi corazón entra en parada.

No, todo fueron bobadas de un crío endeble. De hecho, creo que demostraré el cambio que he dado metiendo mi brazo en el hueco que hay entre la cama y la pared. Seguro que hallo alguno de los cientos de objetos que fueron cayendo ahí y que nunca recuperé. Sí, eso haré, meto la mano y sondeo el suelo. Lo primero que noto es algo redondo y de pequeño tamaño. Apuesto a que no va a ser la única moneda que halle ahí debajo. Continúo con mi búsqueda y palpo una especie de rectángulo de plástico. Me parece que acabo de encontrar ese cochecito de juguete que perdí hace tanto tiempo atrás. Prosigamos. Algo peludo, ¿una pelusa? No, es más consistente, sigo la textura y me percato de que tiene una forma similar a… a una mano…

Creo que no debí envalentonarme tanto…

sábado, 1 de febrero de 2014

Microdemencias

Las corrientes del Paraverso han embravecido. Algo está pasando ahí abajo que está provocando una gran inestabilidad. Una ingente cantidad de almas ha brotado y se ha acoplado en la Oscuridad. Ahora vagan en un terreno completamente amenazante para ellas. Corren el riesgo de morir para siempre. Muchas han conseguido encontrar el camino de vuelta a casa, otras me han pedido ayuda, o yo las he encontrado, y han podido volver también.

Pero muchas otras han enfermado. La Oscuridad no es buena para nadie, recoge las energías de sus residentes y las transforma en pura vileza. Nadie, ni el más invicto, escapa de las garras de la tenebrosidad, y estas desafortunadas ánimas han sido frágiles presas que han caído con suma facilidad. Ha llegado el momento de tomar cartas en el asunto de una forma radical.

Alzaré mi guadaña y cosecharé como nunca antes lo he hecho. Llegan tiempos de insania, los gritos se arremolinarán en cada esquina. Alaridos, sangre, locura. Tal vez las cosechas interaccionen entre ellas y los efectos se potencien. No sé nada de lo que acontecerá, a excepción de que la cordura ya perdió esta batalla desde el primer segundo.

Comienza un nuevo mes, y con él habrás de blandir tu espada, pues te aguardan numerosos duelos en los que tu psique colapsará. No pretendas ser sagaz, el vocablo predecible ha sido finiquitado por sombras de auténtica saña. La discordia se apoya sobre un pedestal de oro y no parece que tenga intención de marcharse.

Todo ha quedado demacrado, mis propias memorias se vuelven borrosas una vez más y se suceden incontables visiones de mi funesto destino. Dije que llegaría un día en el que el terror fuera insoportable para tu cordura, sin embargo, obvié otros aspectos que se escapan del conocimiento humano.

La vida ha sido confeccionada para lidiar con un albedrío encapsulado en un lívido orden, donde ni la muerte es capaz de romper sus leyes. Y, pese a que los enfermos han sido humanos, ahora se asemejan más a aberraciones incorpóreas, fuera de dichas normas. Por ello, ni la propia vida está a salvo, todo se desmorona, sus recuerdos se acentúan y se inclinan bruscamente hacia la baza del sinsentido. No hay nada seguro y nadie está a salvo cuando los propios locos empiezan a percibir que algo no marcha bien.

¿Habrá un fin? ¿Será pronto? ¿Moriré? Estas preguntas carecen de respuesta fija, ya que las mismísimas pautas causales del futuro y el pasado han dejado de existir. La dimensión temporal se ha quebrado. No puedo ver un final claro, es como si el fin de los tiempos se mantuviera constante en la sucesión de puntos llamada presente. Mi único consejo es que dejes a un lado el raciocinio y te comportes como un autómata hipnotizado: asiente ante sus delirios y nunca pongas en duda sus palabras…

Las cosechas se han tornado en el manjar de criaturas informes. Ya se avistan en el horizonte. Con sólo fijar la mirada, tus ojos se derriten. Así que, queridos compañeros de lo dantesco, sin otra opción que no sea la aceptación y sumisión…

Dad el recibimiento que se merecen a las Microdemencias.

Cosechas:

Microdemencia: Debajo
Microdemencia: Metal
Microdemencia: Reparar
Microdemencia: Parto
Microdemencia: Bloque
Microdemencia: Hambre
Microdemencia: Tinte
Microdemencia: Descontrol
Microdemencia: Munición
Microdemencia: Excedentes
Microdemencia: Hogar
Microdemencia: Amor
Microdemencia: Incógnito
Microdemencia: Axones
Microdemencia: Puya
Microdemencia: Riqueza
Microdemencia: Onirismo
Microdemencia: Conversación
Microdemencia: Azar
Microdemencia: Hipótesis
Microdemencia: Faz
Microdemencia: Karma
Microdemencia: Evaluación
Microdemencia: Pétalos
Microdemencia: Audiencia
Microdemencia: Masacre
Microdemencia: Cristal
Microdemencia: Masticar
Microdemencia: Nudo
Microdemencia: Alcohol
Microdemencia: Único
Microdemencia: Cánido
Microdemencia: Solitario
Microdemencia: Hipocondría
Microdemencia: Posada
Microdemencia: Grabación
Microdemencia: Internet
Microdemencia: Ojos
Microdemencia: Espectáculo
Microdemencia: Caliente
Microdemencia: Ocaso
Microdemencia: Arquetípico
Microdemencia: Melodía
Microdemencia: Letras
Microdemencia: Tímpanos
Microdemencia: Publicidad
Microdemencia: Estaticidad
Microdemencia: Infancia
Microdemencia: Mecatrónica
Microdemencia: Pesadilla
Microdemencia: Múltiple
Microdemencia: Humedad
Microdemencia: Sangre
Microdemencia: Óbito
Microdemencia: Estenosis
Microdemencia: Primerizo
Microdemencia: Valentía
Microdemencia: Parada
Microdemencia: Hidrógeno
Microdemencia: Duelo
Microdemencia: Arritmia
Microdemencia: Producto
Microdemencia: Futuro
Microdemencia: Cadáver
Microdemencia: Rift
Microdemencia: Suturas
Microdemencia: Fuego
Microdemencia: Digestión
Microdemencia: Finiquito
Microdemencia: Nihilista
Microdemencia: Inverosímil
Microdemencia: Hexakosioihexekontahexafobia
Microdemencia: Camposanto
Microdemencia: Cerebro
Microdemencia: Metempsicosis
Microdemencia: Incertidumbre
Microdemencia: Fe
Microdemencia: Eternidad